Meditaciones
sobre las
7 palabras

Este pequeño libro de Meditaciones Sobre las Siete Palabras,
fue producido originalmente por el Dr. Andrés A. Meléndez,
orador de “La Hora Luterana” y patriarca de los
ministerios hispanos luteranos en los Estados Unidos.
El Dr. Meléndez falleció el 24 de julio de 1999 y, con
la reproducción de este libro, queremos honrar su memoria.

 

LA QUINTA PALABRA DE SUFRIMIENTO
“Cerca de las tres de la tarde, Jesús clamó a gran voz. Decía: ‘Elí, Elí, ¿lama sabactani?’, es decir, ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’” (San Mateo 27:46).
Esta palabra procede de la profundidad del sufrimiento. Aquí, el drama del perdón que el Dios que sufre ofrece a la humanidad, llega a su más punto culminante. Aquí se halla el desamparo total que Cristo tuvo que experimentar. Al contemplar el significado de esta palabra, no hallamos cómo explicarla. Pero explicarla equivaldría a destruir el misterio y la verdad que ella encierra.


En cierto sentido, ésta es una palabra impenetrable. Dios hizo lo que ningún ser humano puede hacer o necesita hacer: experimentar la muerte en todo su terror tanto en su cuerpo como en su alma. La muerte es el enemigo del hombre y estar en las manos de la muerte es igual a ser desamparado por Dios. La muerte no consiste simplemente en separar el cuerpo del alma; en la muerte todo hombre padece la experiencia terrible de ser lanzado a la nada ante Dios. Pero aunque la muerte causa lo peor en Cristo, no lo puede dañar. El pecado del mundo causa un gran sufrimiento a Cristo, pero no puede vencer al Señor.
Cristo sufre profundamente no sólo por nosotros, sino con nosotros. Nosotros también habremos de padecer la muerte. Pero debemos recordar que Cristo le ha quitado a la muerte su poder destructor.

 
¿Qué valor tiene todo esto en nuestra vida? Podemos lamentarnos de la realidad de ciertas cosas y afrontar todos los pensamientos aterradores y dudas de la vida, y aún así no ser consumidos. Podemos pasar por el infierno de ser nada delante de Dios y, aún en medio de la muerte, darnos cuenta que Él persigue su propósito de librarnos.

 

No vivió para sí mismo, ni tampoco murió por sí mismo. Murió por otros, y por eso vive

 

 
Si suponemos que a nuestro Señor se le hizo posible el sufrimiento de la cruz porque Él sabía que toda saldría bien, perdemos algo del significado de su muerte y lo que quiere decir ser desamparado por su Padre. Su muerte fue real; fue final. Pero muere con la mayor fe y confianza, aun cuando nada parece respaldar su fe. Muere creyendo en la misericordia de Dios. No desconfía de Dios, aunque está en su última agonía. No se

 

desespera, aunque está completamente desamparado.

 

 
Jesús está seguro de que en su muerte el Padre lo acepta por completo. No vivió para sí mismo, ni tampoco murió por sí mismo. Murió por otros, y por eso vive. Y ahora nosotros, que tenemos que experimentar la muerte, podemos estar seguros de que nuestro destino final no es la perdición, pues Dios nos acepta en su Hijo Jesucristo. Podemos pasar por el valle de sombra de muerte y no ser destruidos. Cristo pasó por ese valle para salvarnos eternamente.

 

ORACIÓN

Señor Jesucristo, nadie puede comprender la profundidad de tu sufrimiento por nosotros. Fuiste desamparado. Caíste en manos de nuestros enemigos, pero no pudieron vencerte. A ti, oh Cristo, sea todo honor y gloria por el desamparo que padeciste por nosotros. Consérvanos en la seguridad de que jamás seremos desamparados o destruidos. Ayúdanos a seguir creyendo y confiando en ti. Haz que te invoquemos en cualquier angustia de la vida, y líbranos para que siempre vivamos contigo, quien con el Padre y con el Espíritu Santo eres Dios por los siglos de los siglos.

Amén