Salmo 46: 1-7 – DIOS FUE, ES, Y SERÁ EL AMPARO Y LA FORTALEZA DE SU PUEBLO.

 

Nuestra Iglesia Evangélica Luterana Argentina (IELA) ha venido preparándose durante varios años para esta celebración. Es un tiempo especial para volver a releer la historia, de conocer nuevamente a sus personajes, y de analizar los motivos que provocaron la Reforma hace 500 años. Pero también de tomar conciencia de sus efectos e influencias que son evidentes hasta estos tiempos, trascendiendo los límites religiosos, afectando y modificando prácticamente todos los ámbitos de la realidad humana.

En aquellos turbulentos y difíciles días del siglo XVI, Lutero y sus colaboradores pusieron en marcha lo que hoy celebramos y disfrutamos. Sin duda que no faltaron los sufrimientos, las angustias, las penurias, las persecuciones, las amenazas de muerte. Pero al igual que hoy, Dios, revelado en su Palabra, clara y brillante, era el único AMPARO, REFUGIO Y FORTALEZA.

Hoy, aunque han pasado 500 años, muchos de nuestros problemas son idénticos a los de aquellos. Y también la fuente de esperanza, de seguridad y de salvación sigue siendo la misma que la que tuvieron ellos. Por eso, al cumplirse cinco siglos de la Reforma:

  • Como Iglesia celebramos con humildad y agradecimiento

Hoy también es necesario reconocer con profunda humildad que fue el PECADO humano el que llevó las cosas a tal extremo, que fue necesaria una Reforma en la propia iglesia. El abandono de las Sagradas Escrituras no lleva a otra parte que a la oscuridad, y despierta lo peor en los corazones de los pecadores: Odios y luchas. Al recorrer los sucesos que rodearon ese momento, podemos percibir las horribles manifestaciones del pecado humano. Pero esto no quedó en el pasado, sino que son situaciones que se repitieron a lo largo de la historia, y siguen aflorando hoy. También hoy, el pecado que mora en nosotros, y los ataques del maligno siguen haciendo de las suyas. Por eso necesitamos reconocer y con profunda humildad y en arrepentimiento, confesarlo.

SOLO LA GRACIA INFINITA de Dios, salvó a la iglesia del naufragio.  Sólo la gracia de Dios fue capaz de levantar a hombres, hacer que tuvieran la capacidad y el valor de encender nuevamente la luz de la Palabra en medio de tantas tinieblas. Hombres y mujeres que, cuando los cimientos del mundo temblaban, pusieron su confianza en Dios, y sólo en Él, y exclamaron: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

Reconociendo nuestro pecado y nuestra fragilidad, pedimos perdón, y celebramos con agradecimiento a la sola gracia de quien es nuestro amparo y fortaleza en todo tiempo. Hace quinientos años que podemos cantar nuevamente: “Por gracia sola yo soy salvo…”

Sólo la gracia infinita de Dios salvó a la iglesia del naufragio

  • Como Iglesia reafirmamos con decisión que Dios sigue estando presente en medio de su Pueblo

 Sí, este Dios único lleno de poder, verdad y amor, que infunde seguridad. Y es desde allí, su iglesia, que su LEY y EVANGELIO se distribuye por todas partes, infundiendo alegría, protección y salvación.

En tiempos de la Reforma había muchos templos, basílicas y catedrales. Pero faltaba la PALABRA que trae la presencia viviente y amorosa de Dios.  La Reforma puso a LA PALABRA por encima de todas las demás palabras; puso a CRISTO, el verbo encarnado en el centro de todo, al único Mediador entre Dios y los hombres, la propiciación (el pago) por nuestros pecados. No hay vida, alegría, consuelo, seguridad, refugio, ni auxilio, sin la abundancia de la Palabra Única y Verdadera del Señor.

En medio de estos tiempos turbulentos de confusión, relativismo, racionalismo extremo, reafirmamos decididamente: SOLO LA ESCRITURA. Porque la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre, y es poder del Señor para salvación, refugio, fortaleza y auxilio.

  • Como Iglesia nos proyectamos hacia el futuro con confianza y esperanza.

¿Tenemos futuro? La plenitud de Dios Todopoderoso Salvador está con nosotros en Palabra y Sacramentos. No es mérito nuestro, sino solamente por su gracia. Él es nuestro refugio.  No nos pertenecemos. La IELA es propiedad de la gracia de Dios y a Él nos debemos. El Señor nos ha traído hasta acá, a pesar de nuestras flaquezas, y nos sostendrá y usará en el futuro, aunque tiemble la tierra y titubeen los montes.

¿Qué sentimientos o intenciones genera en nosotros esta gran celebración?  ¿Solamente alegría pasajera? NO, éste acontecimiento nos moviliza para que seamos una iglesia que hace a Dios presente entre la gente, llevando su Palabra, con confianza y esperanza. El Dios de siempre nos dará futuro útil y de alegría para muchos.

Esto es una empresa de FE, es obra del Espíritu Santo, arraigada y alimentada por los Medios de Gracia. SOLA FE EN LAS PROMESAS DE Dios quien fue, es y será el amparo y la fortaleza de su pueblo.

Sólo a Él sea la gloria por siempre.